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Cumplir el mínimo de hectáreas no debería depender de una hoja de cálculo repasada a mano cada campaña.
La ley no pregunta cuántas hectáreas cree que tiene, sino cuántas tiene realmente: cultivos permanentes y tierras de cultivo sin pastos temporales, hectáreas de regadío diferenciadas y superficie de invernadero por separado. Averiguarlo campaña tras campaña a mano —sumando parcelas, restando lo que no cuenta, revisando si este año se ha ampliado el regadío— es exactamente el tipo de cálculo donde un descuido acaba en un incumplimiento que nadie buscaba. El beneficio real de una aplicación de producción agrícola no es solo "cumplir la ley": es dejar de depender de ese cálculo manual y saber, en todo momento, en qué lado del mínimo de hectáreas está su explotación.
Cada parcela vinculada a SIGPAC, sin sumas manuales que puedan dejarle por debajo o por encima del mínimo de hectáreas sin saberlo.
El cálculo de hectáreas de regadío e invernadero ya está hecho: menos tiempo de asesor dedicado a revisar superficies cada campaña.
Al conocer con precisión su superficie, evita el incumplimiento involuntario que más perjudica cuando se supera el mínimo de hectáreas sin registrarlo.
Si un año supera el umbral y al siguiente no, no hace falta cambiar de programa: el cuaderno digital ya está preparado para ambos casos.
El mínimo de hectáreas es la puerta de entrada, pero los beneficios de contar con una aplicación de producción agrícola no terminan en el cumplimiento normativo:
El mínimo de hectáreas se calcula desde un despacho, pero se cumple en el campo. Por eso el beneficio de Producción Agrícola llega también al agricultor que trabaja la tierra, no solo a quien lleva la administración:
Vea cómo Producción Agrícola convierte una obligación normativa en control real de su explotación. Demostración gratuita.
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